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Hay un vuelo de gaviotas que cubre el pueblo -blanco sobre blanco-,
y el tiempo se detiene en los surcos del ropaje de la mujer, mientras el color elaborado de sus venas parecen reflejar el cielo -azul sobre azul- .
La mujer ha detenido su labor, la mujer está inmóvil en la escalinata.
La mujer se detiene en la noche -negro sobre negro-.
La mujer camina sin alcanzar los límites del lienzo, y sobre ella hay una explosión celeste que alcanza a las casas que la rodean.
Negro, azul y blanco.
Después sólo el mar y las gaviotas que lentamente envuelven su mundo.
Aquel cuadro semienterrado en la playa se creía un espejo, pero los espejos siempre reflejan las almas, jamás los paisajes.
La marea respetó el mundo que se abría ante ella.
Guillermo Martínez Schrem (escritor)
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